S i la “Arquitectura Negra” es uno de los activos seguros con que cuenta Campillo de Ranas, su situación en el Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara es otro de sus privilegios.
El Parque, con alrededor de 118.000 ha, en las que vive una población dispersa de sólo 4.000 habitantes, es un espacio natural que cuenta con zonas escasamente antropizadas. Tal vez a ello debemos la presencia en él de algunas especies relícticas que son restos supervivientes de tiempos con condiciones más favorables. Sin estas condiciones privilegiadas, estas especies habrían sido más sensibles a la agresión de las actividades productivas humanas. Es el caso del arco de los hayedos que se extiende desde la frontera de Madrid y Segovia hasta Guadalajara. Actualmente los hayedos se encuentran desconectados entre sí y refugiados en valles con una orientación especial.
Gran parte del Parque está situado entre alturas de 800 y 2000 metros. Incluye territorios de la Sierra de Ayllón con siete picos de más de 2000m, de la Sierra de Pela y toda la Sierra del Alto Rey. Ello garantiza inviernos duros y un indice de precipitaciones elevado.
Junto a los condicionantes climáticos el otro factor influyente en el establecimiento de un climax vegetal, es la naturaleza de los suelos. El Parque presenta, en la mayor parte de su extensión, dos tipos de roca madre: las rocas calizas generalmente cretácicas y del Triásico Medio, que generan suelos básicos, y los suelos ácidos (cuarcitas y pizarras ordovícicas, conglomerados y arcillas triásicas y rocas metamorfoseadas por contacto con el plutón granítico del Sistema Central).
Los bosques de robles se extienden sólo por terrenos ácidos asociados a cerezos silvestres, acebos, arce de Montpelier, serbales, abedules, majuelos, maillos, brezos, jaras, gayuba, etc.


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